Rinconcito

Siempre le había gustado volver a aquel lugar, era pequeño, con todas las aldeas que se extendían por aquella tierra de magia, brujas y nieblas, pero era su rinconcito.

Ahora, estando acostumbrada a la gran ciudad podía visitarlo de vez en cuando, debido a su trabajo, y la posibilidad de viajar y trabajar desde un lugar en el que solo necesitaba su ordenador e internet. Quién les hubiera dicho a sus abuelos que desde dentro de aquella antigua casa empedrada podía hacer una llamada al otro lado del océano y charlar un ratín con su familia, nunca se lo hubieran imaginado.

Pasar unos días allí era único, con su hija de vacaciones, pudiendo compartir la comida con sus padres y sobre todo, una vez terminado su trabajo, las largas cenas debajo de una parra que poco a poco escondía el sol, y daba paso a esas historias de recuerdos y cuentos del lugar, algunos días, un vecino o algún familiar se la aldea se unía a ellos amenizando la velada.

Conseguía a duras penas que su pequeña se durmiera queriendo enterarse de todo lo que allí se contaba.

Mami- hay un pajarito que está en la finca y no puede volar- decía, dejando atrás ya su lengua de trapo.

Vale- contestaba ella con dulzura- mañana lo vemos y te prometo que le curaremos, y que va a volver a volar

A su lado, por fin ese pequeño amor se dormía, soñando ya con  nuevas aventuras.

Al día siguiente, como le había prometido, buscaron el pajarito, entre la hierba y los árboles tardaron en dar con él, cuando lo encontraron vieron que tenía una de las alas quebrada. Con ayuda de los abuelos pudieron sujetarla para que fuera poco a poco curándose.

El abuelo había dicho que era una cría de cotorra, y que su madre se encontraría en un pequeño bosque cerca de la aldea, así que podrían llevarla con su familia cuando estuviera curada.

Pasaron los días y la pequeña cría cada vez estaba mejor, la atención de la niña y los cuidados sobre todo de la abuela lo conseguían poco a poco.

Llegaba el final de aquellas pequeñas vacaciones y tenían que regresar, pero sabían que también el pequeño pajarito tenía que volver a su lugar con su familia.

El último día, con un sol radiante fueron hacia el bosquecillo y allí, el abuelo les decía que buscaran los nidos de las cotorras, que no debían estar lejos. Así fue como encontraron alguno, vacío pero seguramente su madre no estaría lejos, así que, aún con las lágrimas de la pequeña, dejaron por fin a la pequeña cría en su lugar, sabiendo que estaría mejor con su madre que seguro pronto la buscaría.

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